“No hay derecho a que se planten flores y vengan a romperlas, eso no es de un pueblo civilizado”
Llegó al Juncal tras jubilarse, en 1990. Su actitud, abierta y comprometida con los suyos, le llevó rápidamente a granjearse el respecto de todos sus vecinos, el reconocimiento de sus nuevos amigos y el cariño de los niños del barrio, por quienes ostenta el apelativo de ‘abuelo de El Juncal’.


